La otra y yo

No hay mayor libertad que cuando soy otra,
cuando llego a casa, suelto el cabello
y masajeo el cuero cabelludo
no soy más la dependienta de tienda.

Ser tu madre es lo que más gozo
llego a tu casa,
que la dependienta de tienda
con sudor y esfuerzo ha pagado,
te amo, que eso quede sobre la mesa.

No hay mayor libertad elegida que cuando
estoy con mi amante
salgo ganando en la sonrisa que él me regala
en la mirada otorgada, en la palabra jamás enunciada.

Como esposa bien se puede adivinar el desastre,
jamás libre me siento
como si amar la obligación del día fuera,
en eso radica la imaginación y el engaño.

Y soy yo y soy otra cuando dejo el trabajo de mañana
para mañana, como esclava no se inspira el aire necesario.

Y soy otra y soy yo cuando fuerte te regaño,
me asustan tus decisiones de niña.
si libre no está el baño,
corres a refugiarte tras la pierna de papá.

Y soy yo y soy otra la que elige estar con él,
la que le abotona el puño de la camisa
y le abre la puerta para que se vaya.

Los “para siempre” aquí no existen
(afortunadamente),

Dulce le digo: “que te vaya bien”
para que por fin de la vista desaparezca
aunque mucho sea amado.

Y soy otra y soy yo cuando el más dulce almíbar
invade mi ser y la más tierna paz reina en casa,
y se habla de intereses comunes
y un amor lánguido alumbra la penumbra
como un antiguo quinqué.

Pero soy yo, más yo misma, y más libre
cuando estoy en soledad
sin tratar de ajustarme a trajes que
no me quedan,
desnuda, echada en el sofá.

Los “para siempre” aquí no existen.

No soy madre, ni esposa,
ni amante, ni dependienta de tienda,
ni amiga, ni hija,
ni hermana, ni tía, ni prima,
ni sobrina, ni nieta, ni abuela,
ni ciudadana, ni vecina, ni colega.

Antes que nada, fui mujer concebida.

LA MUJER SALVAJE

Es una mujer antiquísima que nunca nació, 

y que siempre espera en la noche para darme su bendición. 

—Buenas noches mijita—me dice siempre,

besando mi frente.

El ciclo de la vida me muestra a través del sueño,

me revela lo escondido,

la Diosa salvaje.

Ella no ha finalizado de crear, 

porque el ciclo de la vida no ha terminado aún.

Me da su soplo y recoge mis huesos cuando 

no puedo más,

canta la canción perfecta 

que mi espíritu necesita escuchar.

¿Qué te digo?

Han pasado muchos años desde que me hice tan pequeñita

                                                                                                 para no ofenderte. 

He apagado la luz de mi ventana para no causarte ningún daño. 

Sin embargo, 

                      y con enorme amargura veo que eso no ha bastado. 

Me echas en cara que aún opacada he logrado conquistar 

                                                                             el corazón de un buen hombre. 

Que aún así en la sombra y en la fealdad de mi ser 

                                                   hombres agradables e interesantes se acercan. 

¿Cómo es esto posible?

No sé, no sé. 

Tus pensamientos envenenan todo tú-tú

Y es que la verdad no sé qué decirte. 

Si tuviera que decir un poco de verdad, es… 

                                                  es que me aferré a un trocito de luz que aún vivía en mí. 

Ha sido una luz microscópica. Una chispa. Lo juro.  

Mi dulce amiga la que derrama sus lágrimas en mis sufrimientos, 

                                                                            la abrazo con aprecio. 

Nunca la busqué. 

                                                                              La amistad floreció. 

¿Las finanzas?

No te voy a negar que he tenido miedo, pero es que de verdad no sé qué decirte. 

Es hipócrita si te digo que la he pasado mal. 

Si un poco, algo, pero no he pasado hambre. 

Angustia sí, pero eso lo adjudico más a un rasgo de mi personalidad.

¿Los hijos? 

Son pequeños niños que han nacido del amor, de la inspiración…  

                                                                               y han crecido podría jurarte que solos. 

Me he dedicado a lo más básico que la luz me ha dado: 

                                                            Comer bien, beber agua, descansar, reír después.

¿Qué quieres escuchar?  

                                 ¿Qué me has hecho falta? 

                                                                           Sí.

                                                                                  Pero no así. 

                     No desvaneciéndote de mi vida,

                                                                       causando una herida mortal. 

Y regresas, regresas buscando abrir la cicatriz.

                                                                   parece que no me atraviesas

Que tu veneno de Circe no me llega.

                                                               Al contrario. 

                                           Veo una mueca en tu boca.

Por esto, he ido al pie de la montaña,

por esto, la he subido con una serie de rituales,

irónicamente, ella me ha dado su abrigo.

He pensado que iba a morir por tal osadía,

me he aferrado a la vida con uñas y dientes.

En serio, ¿Qué te puedo decir?

Sudor

Llegamos en la noche bañados en aromas de mar,

sudor del uno, sudor del otro, 

ni la ventana abierta de Van Gogh alcanza.

Ya ni la amuelas

a cigarro apestas, patas sabor ricotta, 

y más aún sientes a otra.

No me vengas que con el Bosco 

esto y el otro,

pura distracción,

contigo me toca hacer de tripas corazón.

Ni corriendo al del Prado se me olvida 

la ternura que me prodigas 

al estilo Sartre y Rivera.

Pero bien que te voy a recordar querido, 

que las Beauvoir, las Kahlo y las Sexton 

tenemos una fragancia escondida 

y que no es aquella precisamente 

con la que tu contaminas

la náusea que me domina.

Diana Romero (Guadalajara -México, 1978). Una curiosidad por otros universos le impulsa a leer historias. En un primer momento, lee cuentos infantiles, adaptaciones de los cuentos de los hermanos Grimm. Posteriormente, caerán en sus manos adolescentes La isla del Tesoro de Robert L. Stevenson e Historias extraordinarias de Edgar Allan Poe. Participante del ciclo de Poesía Life 2.0 Raíces del umbral americano: hacia un revisionismo poético y Poéticas de la otredad (Colombia, 2020 – 2021).

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