DERRUMBE

Te veo como una sombra que habita en el río Arma.
Un alambre de púas en mi garganta me evita lanzar al cielo la pregunta que tengo atragantada entre labios.
La montaña oscura llorando tu pecado, se baña en las lágrimas de haber presenciado, mientras un círculo en el infierno se va abriendo a mi paso.
La carretera que cuenta las mil historias que abrazaron tus pasos.
Retorno al pueblo en donde me procreaste con ésta pena como cuchillos en mi pecho. Las luces de las veredas entonan el titileo de una danza que llora tu vergüenza; el misterio impune que me envuelve en su atmósfera, crucificando la única verdad que sé: no volverás más joven soñador con la frente en alto al lugar que te parió con inocencia y te condenó al exilio.
No volverás…

ANALOGÍA DEL AMOR

Entre las mil y unas comparaciones con que puedo asemejar al amor, esta es la que más se ha acercado a mi versión, en esta noche donde no puedo dormir y los remolinos de mi músculo sintiente me muestran con claridad qué me atormenta:
Nunca se está lo suficientemente preparado para amar.
Estar enamorado es convivir con un huracán dentro del pecho; es permitir que rompa con los cimientos de (toda) tu casa y luego, sin alientos, volver a armar con pedazos de cera, una por una las grietas que supuran.
Enamorarse es sentir el desastre de ese huracán a su paso, platos rotos, paredes caídas, techos maltrechos, jardín destruido, camas sin tender, baños sin lavar, plantas sin regar, es abrir los brazos, los pies y entregarse, fundirse con la ventisca arrasadora que fulmina todo a su paso. Permitirse adentrarse al corazón del tornado y perecer; llorar y descomponerse, volverse del huracán y permitir que viaje a todo el cuerpo, machacando, pululando, lastimando el aliento vital que nos mantiene con vida, es suspenderse en la órbita del huracán y luego, después de ver como se calcina todo ante tus ojos, volverse mar; de lágrimas, de lluvia, de frescor, de secreciones, de expulsiones corporales; quedarse en tierra, pararse y observar con las pestañas mojadas el desastre.
Caer en el amor es comenzar a reconstruir, tabla por tabla, ladrillo por ladrillo, espiga, techo, puerta, balcón, terraza, habitación, ventana por ventana, jardín por jardín, alacena, zaguán, escalas, baño, cocina, esa casa que es hoguera que quema y consume.
Estar enamorado es abrir la puerta de esta casa una y otra vez hasta que vuelvas a cerrar con candado; es poner la cerradura en la puerta pretendiendo que el huracán no vuelva a entrar.
Enamorarse es entregar tu cuerpo a la espera de una muerte que conoces y que sabes de sobra, que llegará. Es sentir como el halo de la mecha de una vela agoniza mientras la observas.
Caer en los brazos del amor es limpiar la casa con detergente, limpia pisos, blanqueador, desinfectante; es ponerte tu mejor vestido y estar impecable mientras esperas sentada en un sillón al huracán que acabará con toda esa parsimonia que resulta patética, antes de que esa gran bestia entre por la puerta y ensucie el piso recién lavado.

EN EL ESPEJO

Una rosa vulnerada y cuando los últimos laureles cantan
la mujer en el espejo calla.
Te vi atravesando el último vestigio en el jardín de amapolas, cuando despistado me pediste un cigarro, parecía como si los rayos del sol de mediodía corrieran a prenderlo sin tu consentimiento.
Las últimas hojas de la araucaria caen de un árbol seco.
Y el tiempo presuroso se viste con mis vestidos guardados y curtidos.
Nuevamente la mujer en el espejo, calla.

ADIÓS

Cuando la última flor de ciprés cae, lleva en sus vestigios remolinos de dolor.
Un canto enarbolado con llanto en la cocina,
que sucumbe en una sola ocasión.
Ya morir de amor es sentimiento fiel.
Permitir que el amor muera en los amaneceres fríos y sin miradas.
Tomarse un café tibio y con indiferencia, dejar caer la última lágrima que sepulte al amor.
Ya los dedos se sueltan, los cuerpos se desperezan y se alejan.
Las voces ya no cantan al amor.
Una sola palabra lo ha fulminado.

HOGUERA

Solo quiero alejarme y ser silencio.
Guardarme las risas para mi corazón.
Ya no deseo compartirme con quien solo promete un instante.
Quiero ser fugitiva del amor líquido.
Quiero guardar en una alcancía las frustraciones, los disgustos, las noches con alguien que me acompañe en cama.
Quiero asesinar las mentiras y regalarme las verdades más bellas del mundo.
No quiero que nadie venga a buscarme a casa.
Quiero encontrarme en las sábanas de mi soledad.
Encontrar mi espuma en mi marea y no permitir que arriben a mi playa.
Quiero guardarme los susurros que me grita la luna en mi ventana y no confiarle a nadie los secretos que sopla el viento cuando entra por mi balcón.
Mi amor fuerte no está para abrazos endebles porque mi amor fuerte reposará en la hoguera de su hogar y volveré a cantarme las tonadas que la tierra tiene para abrazarme, y volveré a ser hoguera que resplandece.

Eliana Andrea Jaramillo Giraldo (Aguadas Caldas, Colombia 1991) Comunicadora social, poeta y cantautora. Desde los dieciséis años comparte sus poemas en su blog. Voluntaria en diferentes procesos de base sociales de la ciudad, así como en algunos colectivos de poesía. Gestora de espacios de arte y recitadora de sus poemas. Realiza talleres de escritura para niños, niñas y adolescentes. Percibe la poesía como la expresión más ferviente de los anhelos de su ser y la manera más certera de confrontarlos. Fiel creyente de la escritura por y para el pueblo.

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