Memento Mori
Memento mori, un parpadeo,
nací en el viento,
Otros lloran, yo asciendo.
Paseo de manera vertical
para asomarme a los horizontes dibujados.
Rostros sin sombra de translúcida sonrisa
invitan a jugar con la locura.
Rodeado de ciudades que cortan el aliento
e insuflan poéticas en mi vientre
Crecen en carne, huesos y sangre
por el torrente de las venas
donde converge y desvanece
con el alarido que brota y desaparece misteriosamente.
El signo de la vida se evapora
en un haz de luz y sombra.
Todo lo que fue una vez.
Los eclipses de tinta, las olas del sol
esculpiendo tiempo.
Armando los fotogramas
de los sentimientos extraviados.
Buscando encontrar el cauce
del sin sentido al paradisiaco
espectáculo de estar vivo.
Sin yugos, ni escrúpulos
que deformen el sin sentido
del goce de lo existente.
Una mañana Caronte se disfrazó
para evocar las transformaciones
de mis personajes.
Recordando no olvidarme
y no desesperar,
esperando, deseando otro instante.
El instante es fluctuante
al igual que las palabras
que son sangre, nada, algo,
o un Réquiem que nunca deja de labrarse.
Sin oráculos
¿Cómo hablo lo que callo?
¿Cómo digo que no me interesa nada?
¿Cómo represento que me interesas?
¿Cómo encuentro la lógica entre lo que quiero y no quiero?
El capricho de no querer habitar en nada
Y ser eterno en la finitud.
Perecer en la arena devorada por las olas,
Creer que soy divino por ser nada.
El cuerpo es un adverbio en el espacio,
Mientras fluctúan las olas, los recuerdos, las sensaciones,
Y el misterio del cuerpo de padecer pereciendo
Y ser puro verbo.
Paso las tardes escuchando la arena, el mar,
Y no me percato de que todo penetra
Desde la sombra de su ser.
He cambiado, entonces, para no volver a ser.
Un espectáculo en vértigo se abre
Desde las entrañas, los oráculos no guían
Mi barca a casa.
En esta misma soledad de siempre,
El espacio parece inanimado.
Mirando el ocaso, dejo los sueños de tinta escapar.
Entrevero para ver con el sentimiento la vida que corre lejos.
En soledad escuché el grito silencioso que se ahoga desgarrando sin entender y sin lenguaje
para camuflarse.
El sol fundiéndose en el mar es eternidad
Que se diluye entre siluetas, noches
Y cristaliza las estelas del grafito de la existencia. Amando sin oráculos, la carne vive la
belleza y el horror
Devorando los cuerpos en todo escenario.
Preguntas sin respuesta
“Todo preguntar es un buscar, pero una búsqueda que señala en dirección de lo preguntado”.
Heidegger
1
Todo comienza por una pregunta.
Preguntas de nosotros a nosotros, de nosotros a otros, a lo otro.
Preguntas del mundo, por la pluralidad de universos, sus criaturas y la cultura.
Preguntas de los fenómenos internos y externos que nos colorean.
Preguntas que colorean, decoloran la existencia y brotan de la espina medular de la tierra.
Preguntas que nos acercan de lo cerca, y alejan de lo que nos asecha.
Preguntas dicotómicas, preguntas demográficas y retóricas.
Ojos que saltan, a través de la trinchera, detrás del mural que refleja misterio al igual que Dios operando detrás de la creación.
Preguntas que mueren, preguntas que renacen, preguntas que se transmiten, se superan y transforman.
Cromatología de preguntas, mares que convergen en el cuerpo, labran el velo del universo, entran por los poros y la retina de los ojos enseñando las ensoñaciones de otros ojos.
Preguntas que caen en la cabeza destronando la razón, destrozando el abismo del corazón.
¿Cuántas preguntas? Pregúntate.
Preguntas cerradas, preguntas abiertas, preguntas del ayer que tejen el hoy, quizás el mañana.
Quizás no tejen nada, y sus hebras se juntan por azar, capricho de Dios, o arbitrariedad, como la generación de eclipses que devienen para nunca detenerse y no preguntar.
Preguntas por la antigua Grecia, por las artes plásticas, por quien somos, la relación con el mañana y su predilección.
Preguntas por la existencia, preguntas por lo inexistente, preguntas abiertas y cerradas.
Preguntas por la etimología del alma, del cuerpo y la presencia del presente que se desvanece.
2
Preguntas capciosas y preguntas numéricas.
Preguntas agudas, preguntas graves y esdrújulas.
Preguntas por la fonética, preguntas que nacen de las sombras, de espacios y huellas tiñendo el velo rizomático por donde entra la luz al igual que pintura de Veermer, Rembrandt y Rubens.
Trazos de rastros en un réquiem del lenguaje inhabitado.
El silencioso grito del pasado habitando lo inacabado.
La pregunta toca, retoca y trastoca las huellas dactilares de la realidad que es cadáver.
Preguntas abstractas, preguntas formales y de contenido.
Preguntas con espera finita y de retroceso infinito.
Preguntas que indagan por la existencia, sus diversos actos y los átomos que la crean.
3
Preguntas que brotan del abismo del deseo.
Preguntas de corazones negros.
De lagos amarillos y rojos cielos.
Preguntas por la poesía, la filosofía, las ciencias con su talante y derrotero.
Preguntas por mis personajes secretos, por los misterios del alba y las cicatrices que no se borran con sangre, habitan en la tinta y la mirada.
Preguntas y respuestas. Preguntas sin respuesta.
Pregúntame para preguntarte y preguntar a la historia, al instante, a la nada y a lo que nace.
Lo evocado, señalado y que habita latente sin nombre, ese espectro que crece en el desierto hacia el horizonte.
La pregunta sin final sigue siendo pintada,
La pregunta eterna se siembra en la mirada ajena, la pregunta por nosotros, por lo otro y otros.
¿Acaso acosa el preguntarte pregunta por tu final secreto y comienzo?
Pregúntame por lo inexplicable y yo lo nombro sentimiento para no preguntarme nada y poder sucumbir cómo cadáver que no pregunta y vive muriendo.
Preguntan, preguntándome y respondo:
“No más preguntas.”
Instantes de eternidad
El olvido que somos.
El olvido que seremos.
El olvido que fuimos.
Después del eclipse el espejo susurraba en las mañanas.
El frío de la noche que recorre el alma sin provocarla.
Tú ausencia inunda la casa, un vacío respira, y la presencia del instante pervive
con el espectro de tu figura.
En soledad, los recuerdos del pasado visitan mi hogar.
Y no estoy.
Nos separamos, te fuiste y me fui a otro lugar donde el pasado no tocara.
Se perdió el sendero que cruzaban nuestra casa y hogar.
Se derrumbaron los puentes, solo quedaron agujeros negros y su radiación, nos
llamaron.
Luego, unas aves que se incendiaron pasaron frente a mi… Para que las viera y
no estaba.
Me di cuenta a tiempo. Los años crean lo que los artistas dejaron atrás, un legado
de olvido.
Los años cultivan y devoran la carne que gime y suda. Aunque siga buscándote.
Sin casa, sin hogar y sin puentes.
Buscándote sin oráculos. Recordando olvidándote y olvidando recordándote.
Contigo y sin ti, en todo lugar donde va mi carne que cae y en silencio grita.
Cerrado al mundo, los ecos del silencio derrumbaron los castillos que una vez
habitamos.
El recuerdo persiste y el olvido persigue las historias labradas en cicatrices y
diamantes.
El recuerdo persigue y la eterna despedida vive en la carne habitando un silencio
indescifrable.
El olvido y el recuerdo viven el eclipse: juntos y separados en un eterno instante.
Emmanuel Ortega Tobón (Colombia): Poeta. Egresado de Filosofía Pura de la Universidad Católica Luis Amigo y actualmente estudiante de la Maestría en Educación de la Universidad de Medellín. Su experiencia literaria incluye publicaciones en la revista Innombrable (Colombia), revista Alcantarilla (México) y varias antologías de poesía de la Casa Editorial Mítico. Sus poemas exploran el fenómeno de la creación artística, abordando temas como la identidad, la condición humana, la finitud, la fugacidad del ser, lo escurridizo de las emociones, el misterio de la creación, la pervivencia del sentimiento y sus manifestaciones en este teatro del mundo.





