En la Tierra
Tienen boca,
Pero no piensan,
Tienen manos y no piensan,
Tienen cuerpo y están muertos.
Viven en la ciudad del silencio.
Matan,
Pero no mueren,
Lloran y no muestran los dientes al reír.
Ellos esperan por alguien que no tema ver directo al sol,
Que no huya del tigre hambriento,
Que tenga un corazón que retumbe acelerado como el del hámster en la rueda.
Alguien que sea serpiente y presa a la vez.
Que sea asesino y víctima.
Alguien con boca de diamante.
Mientras aguardan por el mesías que llene el vacío,
Los platos, las billeteras y los ríos,
Las aves maldecirán sus alas libertinas y
Las gotas de lluvia tendrán pena al humedecer el asfalto y la hierba olvidada.
El débil asentirá mansamente una vez más y la suerte existirá para los mediocres.
Aquí arriba
El vacío que se expande como fuego en mi mente,
Me empuja a evitar los razonamientos y las emociones
Y las personas.
Me quita las ganas y el sueño.
Me quita el cabello y las ideas.
Es que no es digno caminar
por la vida sin nada que sentir,
Sin nada que decir,
Sin nada que amar.
Y mi mente me golpea con una vara metálica que me abre la piel,
Y los ojos me arden, y la piel se me cae, y los ojos no se me cierran,
Y no me puedo separar de quién me mantiene aquí.
Quisiera arrancarme la cabeza,
Cortarla y echarla a rodar por una colina.
Quisiera ir por ahí,
Sin cabeza,
Sin ojos,
Sin boca.
Solo con unas manos que sirvan para tocar
y unos pies que sirvan para andar.
Quisiera ser solo cuerpo, solo cuerpo.
Sin mente que imagine ni alma que motive.
Oscuridad
Contigo tuve tantas primeras veces,
Que mis recuerdos más felices llevan tu nombre.
Tu suavidad,
Tu tranquilidad,
Tu alma era dueña de mis ritmos acelerados
Y de todas las veces que me mordía los labios
para contener la felicidad que,
Sí salía de mí,
Invadiría el mundo.
El peso de tu presencia hacía que me faltara el aire y la razón,
El roce de tus manos ardientes me quemaba tan lenta y exquisitamente,
Que me entregué al dolor de tenerte.
De tu mano,
Era todo pequeño,
Era todo mínimo,
Era todo nuestro.
Nuestros cuerpos danzaban frenéticamente por las calles,
Por entre los ojos de los solitarios,
Por entre los perros rabiosos,
Era todo nuestro.
Entonces, cuando estuve adherida a ti,
Cuando sonreía recordándote,
Cuando todas mis palabras eran sobre ti,
Tú,
Yo,
Me acordé de mí.
Laura Sofía Hernández Roncancio (Colombia, 2004): Estudiante de Licenciatura en Humanidades y Lengua Castellana. Apasionada por la escritura y la literatura. Ha hecho publicaciones variadas en plataformas académicas, además de iniciar un pequeño blog a través de la red social Instagram, llamado “Héroe de azul” en el que publica algunos de sus escritos. Piensa que la escritura es la manera más honesta y real para expresar las inquietudes, cavilaciones y preocupaciones, para expresar todo aquello que por dentro deja cicatrices en el alma, la mente y el corazón.





