
Mi Voz tan acallada
I
Ya no temo
limitar mis días
a un ínfimo trozo
ciego de tierra,
cual lombriz
he aprendido a respirar
en lo que me ahoga,
a darme luz y cobijo
dónde no lo hay,
a excavar
aunque no haya
ningún propósito.
II
Carezco de aquel
místico silencio
que me acompaño
un día,
envidio a veces
la celda del monje
que abraza a la nada,
el único sonido
de una campana.
Una sombra con la cual
jugar, cuando todo
me aceche.
III
Nombras una guarida
para añorar otro sueño,
otro cansancio.
Algo que se envuelve
entre las palabras y mi
cuerpo, no es el silencio.
Añorar ese espacio
que tiene la araña,
el rincón donde se esconde
la última mota de polvo
en la casa.
Añorar aquello que
no se nombra,
pero tiene olor, sonido,
calor.
IV
Monumento a una cicatriz
Bla bla bla
canturrea él,
no reconozco esa lengua
que me aleja
de la realidad.
Bla bla bla
en un espasmo
soy un cráter
que se inunda
en el silencio.
Bla bla bla
aún no acaba
conmigo.
Bla bla bla
vomito.
V
El último día
que emigraron las palomas,
sólo se sintió un disparo
irrumpiendo el silencio,
un ave rompió
para siempre su ciclo,
lastimaba el fuego
con su caída,
devorando la sequía
de quien nunca más
va a volver.
Luz Mercedes Orrego Morales (Colombia, 1967) : Poeta. Su escritura ha discurrido por diversos momentos desde una escritura mínima, un silencio total, y la vuelta a la voz. Destaca en sus poemas la añoranza de lo místico, lo confesional, un descubrimiento como mujer que aún no logra desentrañar. Filósofa de la UPB, y la Universidad de Salamanca, Máster en estudios de Asia Oriental, por la USAL actualmente termina su preparación como maestra en la misma Universidad, explora los campos de la danza y la música antigua, como una forma de encontrar una morada efímera de libertad.











