Rimbaud y la experiencia poética

RIMBAUD Y LA EXPERIENCIA POÉTICA

Arthur Rimbaud es una de las experiencias poéticas que puede marcar una vida como lectores e indicar un horizonte abierto para la creación artística y literaria. Su escritura es, todavía hoy, tan actual y enigmática como cuando se escribió y publicó. Tejer un texto alrededor de su poesía supone no solo un trabajo, sino también, una experiencia estética y ética. Experiencia que puede orientar al lector curioso, pero que a su vez dibuja para el escritor un portal de experimentación.

Rimbaud crea en pocos años una poética capaz de dar cuenta de una época violenta, de cambios terribles, pero de aperturas máximas. Su palabra es Visionaria no porque predice un futuro determinado, aunque lo hace en ocasiones, al modo de un oráculo inconsciente y raptado por el rayo creativo, sino más bien porque explora lo “desconocido” en el sentido moderno de nuestra acción literaria. Su exploración es significativa y particular su propio tratamiento del signo. Cada creador responde por sus propias configuraciones y, en este sentido, hay tantas literaturas y lingüísticas.

Invitar al conocimiento de Rimbaud, de sus escritos poéticos, a sus temas éticos, a sus estilos creativos y a su actualidad en campos como la literatura y el arte, es una tarea actual y que exige de astucia literaria para superar la aporía de nuestra época.  La poesía ha sido exigida a dar todo tipo de respuestas, lo que nos plantea la cuestión del lugar de la literatura y el arte en la vida cotidiana y en el proyecto humano.

ADVERTENCIA:

Como la Obra existe en una dimensión alterna y sólo es captable desde Signos, se puede decir que la Obra será re-creada a partir de Signos. Como la obra es Signos y trata sobre el Signo mismo, este ensayo tiene el riesgo de recorrer un laberinto con muchos centros y salidas. Se enfocará en ciertas cualidades imaginarias del signo, como “sustancia del signo”, con lo que también se anuncia que será ensayada una (de)construcción del signo mismo. 

Este ensayo de la poética de Rimbaud es en efecto un recorrido laberíntico, un espacio literario híbrido y abierto, por lo tanto, interminable. No trata de cápsulas informativas o de datos biográficos, cronológicos o cuantitativos. El ensayo es una exploración de nosotros mismos, de nuestras consideraciones significantes y nuestras posibilidades interpretativas. Las posibilidades de este mar de palabras suben con el oleaje enriquecedor y sus limos se conectan con las corrientes de los mundos que nos rodean.  En este sentido, la Obra de Rimbaud es significativa, no sólo por su lirismo, sino por la experiencia de aprendizaje que nos ha proporcionado. Decimos nosotros porque desde Rimbaud nuestro nombre es “Legión”.  Esta escritura fragmentaria remite a la creación misma como proceso, una acción verbal y semiótica que retoma y abre sentidos donde la obra parece detenerse.

En este caso el proceso implica lo ya hecho y lo interminable. La escritura se revierte sobre sí misma, no hay anverso ni reverso, sino más bien la piel intensa del deseo. Dilucidar ese lado “oculto” de la escritura de Rimbaud es una tarea “imposible”, con lo cual es lanzada esta advertencia.

LÍNEA DE TIEMPO LITERARIA

  • 1854: Nace Jean Nicolas Arthur Rimbaud, 20 de octubre en Charleville, Francia.
  • 1870: Poemas Sensación y Sol y Carne.
  • 1871: Cartas del Vidente, Poemas Vocales y Barco Ebrio.
  • 1872: Poemas de Iluminaciones.
  • 1873 : Poemas de Una temporada en Infierno.
  • 1891:  Muere el 10 de noviembre en Marsella, Francia.

VIDAS

En una buhardilla donde estuve encerrado a los doce años, conocí el mundo e ilustré la comedia humana. En una bodega aprendí la historia. En alguna velada nocturna en una ciudad del Norte encontré a todas las mujeres de los antiguos pintores. En un viejo pasaje de París, me enseñaron las ciencias clásicas. En una magnífica morada rodeada por el Oriente entero he realizado mi inmensa obra y ha transcurrido mi ilustre retiro. He braceado mi sangre. Mi deber está cumplido. Ni siquiera hay que pensar en ello. Soy realmente de ultratumba, y nada de encargos.

(Rimbaud, 1872)

CORRESPONDENCIA VIDENTE DE ARTHUR RIMBAUD

Fragmento de la carta 1

 a Georges Izambard

“Un día, espero, —muchos otros esperan lo mismo, — veré en su principio la poesía objetiva ¡la veré con mucha más sinceridad que la que usted ponga en hacerla!”

“Es falso decir: yo pienso: sería mejor decir se me piensa. —Perdón por el juego de palabras. Yo es otro. Tanto peor para la madera que se considera violín ¡y Befa a los inconscientes, los que argumentan sobre aquello que ignoran por completo!”

“El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura: él busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para preservar de ellos sólo las quintaesencias. Inefable tortura en la cual necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, en la cual, de entre todos, se transforma en el gran enfermo, el gran criminal, el gran maldito, —y el Sabio supremo— ¡Pues alcanza lo desconocido!”

*
*

Fragmento de la carta 2

a Paul Demeny

El poeta es un ladrón de fuego.

Lleva sobre sí el peso de la humanidad, y aun el de los animales; deberá hacer sentir, palpar, escuchar sus invenciones; si lo que trae desde allá tiene forma, él da forma; si es informe, él da lo informe. Hallar una lengua —además, al ser idea toda palabra, ¡llegará el tiempo de un lenguaje universal! Hay que ser académico —es decir, alguien más muerto que un fósil, — para acometer un diccionario, de cualquier lengua que fuese. ¡Los débiles se pondrán a pensar en la primera letra del alfabeto, y se precipitarán velozmente en la locura!

Será una lengua del alma para el alma, el resumen de todo, perfumes, sonidos, olores, pensamiento que extrae y atrae pensamiento. El poeta definirá la cantidad de lo desconocido despertándose en su tiempo, en el alma universal: él dará algo más que la fórmula de su pensamiento, algo más que la notación de su marcha hacia el Progreso. Enormidad que se transforma en norma, absorbida por todos, ¡él será, en verdad, un multiplicador del progreso!
*
*

(Rimbaud, 1871)

BIOGRAFÍA POÉTICA A LA RIMBAUD

BIRDS IN THE NIGHT

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida
En esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,
Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,
Durante algunas breves semanas tormentosas.
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde,
Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían.

Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,
No la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.
Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos,
Sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo
Suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo,
Bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.

Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho
Y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.
Mas podemos pensar que acaso un buen instante
Hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno
Que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa.
Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,
En ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto.

Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,
Presos de su destino: la amistad imposible, la amargura
De la separación, el escándalo luego; y para éste
El proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres
Que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas
Errar desde un rincón a otro de la tierra,
Huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.

El silencio del uno y la locuacidad banal del otro
Se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía
Su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo.
Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro
Lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos
En entredicho siempre de las autoridades, de la gente
Que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa.

Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarlos;
Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,
Vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos,
Ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras
Para mayor gloria de Francia y su arte lógico.
Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público
Detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta.

“¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro.
Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre,
Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como está demostrado”.
Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a las “Vocales”.
Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda
Como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo;
Poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias.

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.

*

(Birds In The Night, Luis Cernuda, 1956)

*

EL SIGNO DE FUEGO

El sol era todavía caliente; no obstante, apenas aclaraba la tierra; al igual que una antorcha colocada ante las bóvedas gigantescas no les ilumina más que con una débil claridad, así el sol, antorcha terrestre, se extingue dejando escapar de su cuerpo de fuego una última y débil claridad, dejando no obstante ver todavía las hojas verdes de los árboles, las pequeñas flores que se mustian, y la cima gigantesca de los pinos, los álamos y las encinas seculares.

(Rimbaud, 1862)

Arthur Rimbaud ha legado su tesoro a través de la escritura, parece que en la distancia de un sueño todo fuera mítico, místico, sobrenatural. En unos cuantos años de producción incesante su escritura atraviesa con fuerza creativa, revolucionaria y destructiva los campos horriblemente cargados de sentido. Una poética ética, fecunda y peligrosa que marca su recorrido existencial breve, porque su escritura es intensidad ardiente, radiante transformación que hoy vive latente en los mares de la escritura posmoderna.

Rimbaud Poeta ha trascendido el ámbito puramente literario, lingüístico, artístico, pues la potencia de su escritura estimula sentidos y dimensiones tan variadas como el átomo de vida expresiva se le presenta al observador. Su legado lo encontramos en el arte visual, la música, el cine, la filosofía, la hermenéutica, el psicoanálisis, la magia, la alquimia, entre otros.

Ensayar la Poética de Rimbaud exige encontrar su elemento dinamizador, esa fantástica varita que lo transforma todo. Porque la poética de Rimbaud es una experiencia de creación cuyo elemento radiante es el signo como imagen de la creación. Hay que agregar que este signo tiene una sustancia y esa sustancia tiene además una orientación. El poeta como alquímico: la textura poética aparece como abierta y polivalente, cargada de condensaciones y plasmas intermitentes.

Ni hablaré, ni en nada pensaré:

pero un infinito amor en mi sentiré arder…

*

Fragmento del poema Sensación.

(Rimbaud, 1870)

En Rimbaud el signo poético crece y sube, se trata de una sustancia expresiva y perceptiva, que no solo empuja la vida a su transformación, sino también a su misma expresión.  El poema es la expresión de este signo elemental que acompaña a cada creador, en Rimbaud el fuego es la sustancia del signo poético. Este signo de luz y calor compromete a la palabra en una transformación incesante. Si de lo que se trata es de verificar el funcionamiento de ese horno alquímico debemos empezar por su base, por la sustancia de su signo: el fuego.

De principio a fin es la luz, el calor, el fuego, el sol, dorados ponientes en la fruta y en la carne. Es la luz que hace posible el conocer. Es la misma luz que Newton siente, la vive Rimbaud, pero ambos la expresan de una forma diferente. Fiat lux presente en la materia y que se experimenta en la posibilidad expresiva de todo lo viviente.

Divinidades exuberantes y paisajes pletóricos de placer habitan su poesía. En sus poemas hay campos de fuerza revolucionarios, vibraciones extremas para la adormecida percepción, impulsos fragmentarios e insistentes, juveniles aventuras con centros de gravedad y asimetrías espirituales en la piel y el corazón. Fascinado por la luz, Rimbaud siente la energía deseante en cada realidad, le parece desbordante. Después de Rimbaud el Amor y la creación nunca fueron los mismos, se reinventaron las maneras y pulularon las inestabilidades: el amor renovado, el poema en proceso, la ciencia veloz y la filosofía postmoderna. 

La escritura como dimensión abierta y campo del ser más allá del sentido ha tomado hoy más que nunca su carácter fragmentario, digital y la sustancia misma del signo se ha hecho plasma, velocidad, número, átomo. La textura se acerca a sus nudos metamórficos, a sus entrelazamientos dinámicos, sus hipérboles y metonimias sensoriales. Recorramos su poesía y activemos su potencialidad mediante caricias no posesivas del sentido.

Rimbaud percibe a través de su poesía y el fruto de esas percepciones es el poema. Deliberadamente intenta expresar lo desconocido, arriesgar el yo poético por el conocimiento verdadero, que en sus poemas quisiera restablecer la brecha abierta por el dualismo de la mente y el cuerpo.

“Si los viejos imbéciles hubiesen hallado del Yo algo distinto de su falso significado ¡no tendríamos que barrer estos millones de esqueletos que, durante un tiempo infinito, han acumulado los productos de su tuerta inteligencia, proclamándose sus autores!”

(Rimbaud, 1871)

La Inteligencia oculta abre ámbitos de metamorfosis en los que la imagen se desborda. Se trata de una energía primordial sentida por el poeta, percibida como fuerza de la materia viviente, pero una fuerza que se manifiesta con el halo de lo divino, con la inteligencia sentiente. No se trata de un fuego material sin inteligencia, el signo como una firma particular le da una perspectiva diversa al paisaje.

En Rimbaud el signo poético crece y sube, se trata de una sustancia expresiva y perceptiva, que no sólo orienta la vida a su transformación, sino que también define su misma expresión.  El poema es la expresión de este signo elemental que acompaña a cada creador. Rimbaud crea en sus imágenes escenas en las cuales el fuego es la sustancia del signo poético. Las imágenes verticales toman el plano inferior hacia lo superior, la imagen poética se torna vertical como si la percepción misma se ampliara. Este signo de luz y calor compromete a la palabra en una transformación incesante. Si de lo que se trata es de verificar el funcionamiento de ese horno alquímico capaz de transformar la vida misma con una palabra hiper-lúcida, debemos empezar por su base, por la sustancia de su signo: el fuego.

De principio a fin es la luz, el calor, el fuego, el sol, dorados ponientes en la fruta y en la carne. Divinidades exuberantes y paisajes pletóricos de placer habitan su poesía. En sus poemas hay campos de fuerza revolucionarios, vibraciones extremas para la adormecida percepción, impulsos fragmentarios e insistentes, juveniles aventuras con centros de gravedad y asimetrías espirituales en la piel y el corazón. Fascinado por la luz y el calor Rimbaud siente la energía deseante en cada realidad, le parece desbordante y expresiva.

Ese hogar que es el sol, de ternura y de vida,

de amor vierte a la tierra su corriente encendida.

Podréis sentir si estáis en el valle acostados,

que de la tierra núbil, la sangre ha desbordado

y que su inmenso seno, que un alma hace ascender,

es, ! de amor, como Dios, carne, como mujer,

y que encierra, preñada de savia y de ilusiones

en tremendo hormigueo, todos los embriones!

¡Y todo crece y sube!

*

Fragmento del poema Sol y Carne

(Rimbaud, 1870)

En el poema “Sol y Carne” aparece esta relación vital entre el fuego solar y todo lo viviente, logos es vida y expresión diversa. Como lectores asistimos a la primavera del mundo, a la juventud de la humanidad, pareciera que despertamos a través de imágenes que se mueven al ritmo del amor. Esta divinidad o fuerza solar emana desde ámbitos internos, se siente no sólo con la superficie o con la piel de los sentidos, sino también desde un más acá del pensamiento. Habitamos el mundo pagano, sus imágenes y sus metamorfosis, un periodo creativo que se experimenta al inicio de cada fase creadora. Ese mismo mundo que relacionamos con una imaginación cercana a la naturaleza, que asociamos a la inocencia y al descubrimiento de lo nuevo.

Rimbaud el joven reconoce en el elemento solar una fuente de  vida y de creación, también encuentra en su campo semántico que la sangre es la unión entre lo divino y lo humano. Aquí la sangre es mediadora universal, posibilidad del sentir.  Sangre como esencia vital de la naturaleza, savia primitiva del mundo, sangre que es también movimiento y color, embriaguez y fiebre, dolor y sacrificio.

De la sangre surge la Venus Mitológica, espuma espiritual y estética de la materia. No de otro modo llamamos a esa “sustancia del signo”, esa textura inteligente que proporciona los placeres y dolores del mundo sensorial, que entreteje las percepciones más allá de la biología. Los antiguos poetas bien la denominaron el “Mediador Universal”, Cibeles, Astarté, Afrodita. Gran Demonio vinculante de las mitologías de la materia, imágenes en movimiento para un psiquismo abismado en el símbolo, narrativas que animan desde la profundidad.

El signo poético en “Sol y Carne” es pues de naturaleza mitológica, de sustancia activa, viviente, lumínica y caliente. Esto exige además considerar la dificultad de la imagen, objetivar en el Poema el Signo a partir de su despliegue metafórico y simbólico. ¿Es fácil asumir esa distancia infinita de la poesía en la palabra escrita? ¿Cómo evadirse de la inmersión simbólica y tomar la distancia necesaria y suficiente para percibir la dimensión del signo mismo en el acto creador?

Y el hombre ¿puede verlo? Puede decir: ¿yo creo?

La voz del pensamiento ¿es algo más que un sueño?

*

Fragmento del poema Sol y Carne

(Rimbaud, 1870)

Que el “Sol y la Carne” puedan estar relacionados es algo que desde la inocente observación nos pueda orientar hacia sensaciones de movimiento y percepciones diversas. Cada uno relaciona en su mente historias del cuerpo, recuerdos sensoriales y ensoñaciones. Rimbaud crea una atmósfera en la que la humanidad misma se abre a la libertad del amor. Lo que nos concierne como seres humanos se vislumbra a través de imágenes mitológicas en movimiento. Hay pues una relación estrecha entre la vida sintiente del cuerpo y el mito como expresión ética renovada por la palabra.

Poesía es Logos, Logos que es Mito, Mito que es Natura, Natura que es Amor. Hay pues en esta poética primera un lazo estrecho, una confianza extrema en el signo y su texto como conjurador de la realidad. Pues su signo es la posibilidad de su texto. Si el signo ilumina, si está cargado de mitología, si está al servicio de la expresión y búsqueda de lo desconocido, si es amor, entonces sus poemas, personajes, ritmos, paisajes, están creados a imagen y semejanza del signo.

Las imágenes poéticas por las que reconocemos este signo fulgurante operan de adentro hacia afuera, como si la vida misma fuera un brotar permanente, la primavera o edad de oro que pervive en el espíritu de las épocas. Se trata de una liberación de las formas que afecta a todos los contenidos. Libertad de las cadenas del pensamiento.

La belleza que está relacionada con el principio mitológico de Afrodita o Venus hace énfasis en la sensación como principio del ser, en la forma de la materia que actúa sobre los campos perceptivos. La visión pagana de Rimbaud en poemas como Sol y Carne busca redefinir las nociones aceptadas y las imposiciones de las tradiciones centradas en el dominio del Logos sobre la materia. Busca reconciliar con el pensamiento la inteligencia sensitiva, la sinestesia latente de cada instante.

Hallar una lengua —además, al ser idea toda palabra, ¡llegará el tiempo de un lenguaje universal! Hay que ser académico —es decir, alguien más muerto que un fósil, — para acometer un diccionario, de cualquier lengua que fuese. ¡Los débiles se pondrán a pensar en la primera letra del alfabeto, y se precipitarán velozmente en la locura!

Será una lengua del alma para el alma, el resumen de todo, perfumes, sonidos, olores, pensamiento que extrae y atrae pensamiento. El poeta definirá la cantidad de lo desconocido despertándose en su tiempo, en el alma universal: él dará algo más que la fórmula de su pensamiento, algo más que la notación de su marcha hacia el Progreso. Enormidad que se transforma en norma, absorbida por todos, ¡él será, en verdad, un multiplicador del progreso!

(Rimbaud, 1871)

Aquí hay un proyecto muy humano, se trata de la construcción de la subjetividad a partir del trabajo de la sustancia expresiva. La palabra es magia cuando su poder nos permite nacer como lo hace Venus a partir del sentimiento, del corte del tiempo lineal o de la narrativa Crono-dominante. Logos del corazón.

ARTE : Yuly Durango.

Referencias bibliográficas

Cernuda, Luis (2018). La realidad y el Deseo. Madrid, España: Alianza Editorial.

Rimbaud, Arthur (1973). Obra completa. Prosa y verso. Barcelona, España: Ediciones 29.

Luis Eduardo Cano Álvarez (Medellín, Colombia). Creador Multimedial. Poeta y mago. Editor Web. Graduado en psicología. Interesado en la magia, la alquimia y la creación literaria. Tallerista en los proyectos literarios: “Literatura, territorio e identidad en los corregimientos de Medellín (2017)”, “Reconociendo a los buenos vecinos” (2018) y “Narrativas para el reconocimiento comunitario” (2019). Ha publicado de manera independiente los siguientes libros con la editorial Ouroboros. Poesía: Guía poética de flores (2017) y Extinción de luz (2018). Magia: El círculo de piedra (2017), El jaguar volador (2018). Ciencia ficción: Beth: ciudad viviente (2018). Coordinador del taller online Poesia Life 2.0.

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