Athys

Querida Athys, sé que preparaste tu equipaje.

Claudiqué ante Faón

y durante unos días olvidé tu sonrisa combativa.

Me abrazaste cuando la muerte de la madre

era inexorable, y pintaste rumbos

 para que aprendiera a dejar

de sostenerme en cada muro.

Faón estuvo ausente,

aun así, sollocé por todas las ausencias.

Querida Athys, antes de naufragar

en los territorios de la muerte,

confieso que tu cuerpo fue mi bandera, mi consigna.

Pero Faón venía de mi revolución inventada desde niña.

Fábula e historia en conjuntos unidos.

Quise inventarte otros nombres,

pero la madre moría y había que sostener la sangre.

Querida Athis, preparaste las maletas

al tiempo que Faón inventaba los absolutos silencios.

Me queda la gruta

y el pedazo de mar desesperado.

Ahora la madre ha perecido

y en medio de mis sombras

aparece el recuerdo de tu cuerpo,

tu sonido.

En este escrito quise que Safo

volviera a ser valiente.

Le escribo a Faón,

mientras rumoro tu cuerpo.

No hay ancla para huir de la derrota.

Quizá lo único que exista

sea un páramo de mensajes llegados del desierto.

Me queda el último poema

y acaso una cítara para triturarlo

en medio de tu ausencia.

Urnas

En este panteón no nos enseñaron

a recibir urnas del destierro.

No nos enseñaron a pronunciar

las nuevas muertes en la sepia ciudad.

Tratamos de desinfectar la vida,

pero apareció Tánatos con sus afilados tentáculos de guerra.

Sólo podemos inhumar las lágrimas y los asombros

Otro siglo, otros lutos.

Muros caídos hace décadas no bastaron

y en este pequeño panteón sólo nos queda

rezar a la nada, al vacío y a la ausencia de esperanza.

Uno, dos, tres: documentos recibidos

para armar archivos de la nueva ola

vestida de guadaña.

Trato de encontrar poemas en medio de las tumbas

sólo las flores responden cuando pronuncio vida.

Después, en la oficina, seguiremos tecleando

la inauguración de la ausencia renovada.

Recado a Gabriela Mistral

Quisiste hacer refulgir las madrugadas,

cantarle al huemul y a las desolaciones.

Pero llegó la verdadera ausencia

madrugada cantada

se volvió abrupta memoria

rezos que no pudieron acallar

el liquen en forma de grito enmudecido.

Yin- Yin había decidido viajar sin equipaje.

Nota de despedida

 o nota para las nuevas sepulturas

Y Lucila no pudo guarecer su duelo

en sus propios versos.

Carretera infinita a la perfección

de los pliegues de la noche.

Yin- Yin abandona los lamentos.

Lucila, reposa de tanta llamarada.

Cuidaremos tus versos

con puños de memoria.

Cartas

Alado libro de Plath,

me cubro con las cartas a la madre.

La imprudencia de mi rebeldía

me conduce a la exhumación de versos triturados.

Escribiré una lista de metáforas sin sueño,

convocaré a mi madre para debatir caminos.

Alúmbrame, Sylvia con tus cartas a la madre.

Necesito navegar sin prisa en el océano de

los epígrafes para las propias cartas.

Después me internaré en la placenta

para reinventar la propia poesía.

María del Rocío García Rey (Ciudad de México, México, 1971). Doctora en Letras por la UNAM.  Es autora del libro La otra mujer zurda, México Verso destierro, 2010 y de Mapa del cielo en ruinas, Mezcalero Brothers, 2014, Deseó Revolución, Cisnegro 2018, Hijas de la noche, Cisnegro, 2020 y La voz de mis muertos, Cisnegro 2023.En 2021 Hijas de la Noche fue seleccionada por DEMAC para formar parte de su acervo virtual.

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