Corales esmeralda

     Está ahí.

     Como una danza de corales esmeralda.

     Una montaña colosal atravesada por las nubes.

     Un claro bosque amaneciendo en su verde silencio.

     Un dulce viento huracanado que preludia una tormenta.

     Ningún titánico volcán  le impone una zozobra.

     Ningún anochecer  hace que tiemble o que alucine.

     Ningún naufragio  la pierde en desesperación.

     Ningún abismo  perturba su sonrisa.

     Está ahí.

     Liberando una pasión desmesurada.

     Violentando las ruindades y las hipocresías.

     Evocando sin nostalgia los momentos perfectos.

     Está ahí.

     Nadie percibe su belleza fascinante  su delirio de fuego

     su auténtico valor  bajo su breve piel terrestre.

               Sin brújula ni templo

     Tras toda necedad habrá una tumba

     cubierta de musgo, y será indigna.

     ¿Adónde, hacia qué reinos me lleva mi silencio?

     ¿Soy mi luz huérfana sin brújula ni templo?

     ¿Quién dará abrigo a mi amor más desollado?

     Sólo es arena esa vastísima soberbia

                            de Torre de Babel.

     Esa ilusión superficial del lago de Narciso.

     Qué terrible anestesiarse en escapismos.

     Paliar la muerte con torpes bagatelas.

     Nunca concluye este naufragio azul.

     Pero a veces en la cúspide de la tristeza

     pasa un pájaro tenaz, resuenan como un eco

                                 las melodías del mirlo

         y una fe muy insensata nos protege.

     Bajo las piedras del dolor hay un tesoro,

     y puertas misteriosas, extrañas alegrías.

     Con un pétalo encendido seco mi llanto.

     Las murallas de la noche se derrumban

             en una plegaria.

Pradera de sombra

¿Será hasta la muerte esta pradera de sombra

desplegada en el horizonte?

Cuando ella acaricia mis manos una paz asciende desde mi vientre.

¿No se cansará tu amor de mujer de mis días malditos pero justos?

¿No te cansarás de aquellos estremecimientos

que jamás podré comunicar?

     El hambre late con angustia y desesperación

     El hambre late con angustia y desesperación

     bajo la indiferencia de la tierra.

     Me invade siempre una ligera enigmática melancolía

     si hay luna llena derramando intensamente

                                 sus cascadas luminosas.

     Siento un amor del más allá

     porque ya he muerto varias veces

     (insiste, insiste mi poesía empedernida).

     No me gusta esta voz dura, este duelo silencioso.

     Resquebrajadas calaveras para recordarme lo fugaz.

     Cuesta un naufragio aterrador comenzar a despertarse.

     El hambre late con angustia y desesperación

                 desoído por murciélagos lascivos.

       Las vértebras de la esperanza

     Cualquier violencia

     reafirma lo vital.

     Cualquier debilidad

     exhibe sus andrajos.

     Aunque me acechen como hienas que se agrupan.

     Aunque me quiebren una a una las vértebras

                                        de la esperanza.

     Aunque parezca un animal herido

     apartándose para su muerte

     cruzo tatuado por el caos

     el fuego de este mundo

     y los pájaros de la tenacidad

                 eligen mi sombra.

Damián Jerónimo Andreñuk (Argentina): Poeta. Nacido en City Bell en 1986 y residente en Villa Elisa, ambas localidades ubicadas en el partido de La Plata, Buenos Aires, Argentina. Ha publicado diez libros, todos a través de certámenes en diferentes editoriales. Además, a nivel nacional e internacional, obtuvo distinciones en concursos y fue seleccionado para colaborar en revistas y antologías.

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