¿Bruja yo?

    No lo dudes.
    Soy capaz de hechizar la ira
    para convertirla en alegría.
    Conjuro los miedos
    y las tristezas
    transformándolos
    en seguridad y amor.

    Con solo pronunciar:
    “Por el poder de tres veces tres…”
    Traigo al presente
    perdones y reconciliaciones.

    En noches de luna llena,
    mi matiz cambia.
    Salen verrugas en mi cara,
    cae el cabello,
    algunos dientes,
    encorvo.
    Crece nariz y orejas.
    Visto atuendos viejos, oscuros.
    Preparo pociones,
    muñecos de tela con agujas.
    Y con lista en mano,
    doy, a cada quien lo suyo:

    Instantes para ser escuchados.
    Diálogos para susurrar secretos.
    Consuelo para sacar tristezas.
    Certezas para abandonar el miedo.
    Anclajes para tramitar la ira.

    Sí, soy una bruja,
    una hechicera,
    de esas que no querrás quemar,
    mirarás con curiosidad
    deseando, sus pociones tomar.

    Sobrevivimos

      Luego de una guerra silenciosa
      fuimos víctimas de males ocultos.
      El plan: Acabar con cada hombre.

      No fueron necesarias balas, ni metralla,
      ni mucho menos explosiones.
      Fue tan bien planeado que los mismos hombres
      opacos, decaídos, despaciosos,
      se iban dirigiendo a una o varias dependencias,
      sin límites ni autocontrol.

      Tardó algunas décadas,
      Se fueron debilitando,
      incapaces de encontrar un motivo para luchar,
      pues los hombres siempre van
      en búsqueda de una intención.

      Nos quedamos solas.
      Fallamos al no ser capaces de gestar
      líderes, valientes, luchadores,
      fuertes de pensamiento,
      convencidos de dar la vida por quien los parió,
      por quien los ama y los arrulla en las noches.

      Solo quedan vientres deseosos de gestar,
      de una nueva oportunidad para corregir la crianza y
      demostrar que detrás de cada hombre
      hay una línea de mujeres
      firmes, motivadas, con esperanza,
      queriendo impulsar emperadores,
      científicos, poetas, pensadores,
      sanadores, amantes.

      Se nos olvidó que aunque podemos solas,
      ellos nos solivian la vida,
      hacen posible lo imposible,
      vuelven real lo imaginado,
      sueltan lo indispensable,
      recorren lo lejano y aman,
      a quien los incluye en sus sueños.

      No nos queda más que seguir sobreviviendo,
      apáticas, ansiosas, sensibles,
      hasta que la última muera,
      al olvidar que una vez
      nuestro útero creció
      siendo el puente donde los hombres y
      también las mujeres, veníamos a sentir
      con el cuerpo, con el alma,
      con los sueños, con los pensamientos.

      Lina María Giraldo García (Colombia). Poeta.  Hago parte del Club de escritura y literatura Hojas de Hierba de la Biblioteca Pública de Santa Elena y fundadora de Menguante Colectivo de Mujeres Poetas. Ganadora de dos estímulos de la Secretaría de Cultura de Medellín, con los cuales publiqué los poemarios Historias desde el alma (2017) y Ansiedad con trazos de obsesión (2022).

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