Serge Bouchardon: del gesto como interpretación a la tensión como forma

 

El signo como operación corporal

Serge Bouchardon (Francia, 1984) escribe con las manos del lector. Su obra se organiza alrededor de una convicción que atraviesa cada una de sus piezas: en el entorno digital, el significado no reside en el texto que se contempla, sino en la operación que el cuerpo ejecuta para acceder a él. Bouchardon se formó en literatura en la Sorbona, trabajó durante años en la industria del software educativo y se doctoró con una investigación sobre narrativa literaria interactiva. Esa trayectoria lo llevó a dirigir el laboratorio COSTECH en la Universidad de Tecnología de Compiègne, donde ha articulado una poética que se resiste a la separación entre el código y el cuerpo, entre la máquina y el gesto, entre la lectura y la performance.

Bouchardon no escribe textos que esperan ser leídos; escribe dispositivos que exigen ser ejecutados. Su concepción del signo electrónico se aparta de cualquier definición que lo reduzca a una entidad representacional. El signo no está en la pantalla, no está en el código, no está en la mente del lector. Está en la relación que se establece entre los tres, mediada por una interfaz que anticipa y condiciona los gestos posibles. La lectura se convierte en una operación corporal que el lector realiza con sus manos, con sus reflejos, con su paciencia. El significado emerge del contacto, no de la interpretación.

Esta concepción tiene una genealogía que Bouchardon ha explorado en su trabajo teórico y en su práctica artística. La literatura electrónica, para él, no es un género que se define por su medio, sino por la relación que establece entre el texto y el cuerpo del lector. Un poema digital que se lee con los ojos y se interpreta con el cerebro no es, en su sentido más profundo, literatura electrónica. Un poema digital que exige que el lector haga clic, arrastre, teclee, se pierda, se frustre, vuelva a empezar: eso sí es literatura electrónica. El signo no se contempla; se ejecuta.

 

La interpretación actualizada en gesto

Su obra poética se organiza alrededor de manipulaciones interactivas que constituyen una interpretación actualizada del gesto. Interpretación, porque el lector no recibe pasivamente un significado preexistente; lo produce activamente. Actualizada, porque esa producción ocurre en el tiempo real de la lectura, no en una reflexión posterior. En un gesto, porque el acto de producción es corporal, manual, cinético. El signo no está en el texto que se lee; está en el movimiento que se hace para leerlo. Si el significado emerge del gesto del lector, entonces el autor no es el origen del sentido; es el diseñador de las condiciones en las que el sentido puede emerger. Bouchardon no escribe poemas; escribe programas que producen poemas cuando alguien los ejecuta. Su autoría se desplaza desde la producción de contenido hacia el diseño de interfaces. El signo no le pertenece; pertenece al sistema que lo produce, al lector que lo activa, a la relación que se establece entre ambos.

Lo que distingue a Bouchardon de otros creadores de literatura electrónica es su insistencia en que el signo no es una entidad estable, sino una tensión. Sus obras no buscan la armonía, la fluidez, la transparencia. Buscan lo contrario: la fricción, la resistencia, la opacidad. El lector que se enfrenta a una obra de Bouchardon no experimenta la satisfacción de comprender; experimenta la frustración de no poder controlar. El signo no se entrega; se resiste. No se revela; se oculta.

Esta concepción del signo como tensión conecta con una tradición que Bouchardon conoce bien: la estética de la dificultad, la poética del obstáculo, la literatura que se resiste a la lectura fácil. Pero su contribución reside en haber trasladado esa lógica al terreno del gesto. La dificultad no está en el texto; está en la interfaz. El obstáculo no es hermenéutico; es corporal. El lector no lucha por comprender; lucha por hacer que la obra funcione. Y en esa lucha, en ese esfuerzo, en esa tensión, emerge un significado que no estaba en el texto ni en el lector, sino en la relación entre ambos.

 

Hyper-Tensions: una trilogía electónica

 

Hyper-Tensions no es una trilogía sobre la lectura. Es una trilogía sobre la imposibilidad de leer sin escribir y de escribir sin ser escrito. Serge Bouchardon construyó tres piezas —Déprise, Opacity, Untrace— que comparten un mismo gesto: desplazar el significado desde el texto hacia la tensión entre lo que el lector espera hacer y lo que la interfaz le permite hacer. Lo que emerge de esa tensión es una concepción del signo electrónico que se aparta de cualquier definición representacional. El signo no está en la pantalla, no está en el código, no está en la mente del lector. Está en la fricción que se produce cuando los tres se encuentran.

El lector que avanza por Déprise deslizando el cursor sobre la pantalla está escribiendo el texto que lee. Cada gesto suyo hace aparecer una frase que no estaba ahí antes de su intervención. El texto no preexiste al gesto; emerge con él. Y sin embargo, el lector no controla lo que escribe. El código ha programado las respuestas posibles. El lector cree que escribe; descubre que es escrito. La tensión entre ambas operaciones constituye el signo mismo. En la tradición literaria impresa, leer y escribir son operaciones distintas, realizadas por sujetos distintos, en momentos distintos. En Hyper-Tensions el lector es también autor, pero un autor que no controla lo que produce. El autor es también lector, pero un lector que ha programado las condiciones de su propia lectura. La tensión entre ambas posiciones constituye la experiencia misma de la obra.

Opacity lleva esta tensión a un territorio particularmente incómodo. El narrador busca desesperadamente revelar el cuerpo de su esposa detrás del vidrio empañado de la ducha. El lector limpia el vaho con el cursor, esperando ver algo. Pero lo que encuentra no es la transparencia deseada, sino la opacidad constitutiva de la imagen. El cuerpo se revela solo parcialmente, siempre velado, siempre incompleto. Y el narrador, al final, invierte su deseo inicial: ya no busca la transparencia, sino las interacciones y sensaciones opacas. El signo no es una ventana transparente al significado; es una superficie que se resiste, que se empaña, que se oculta. La lectura no consiste en atravesar esa superficie para llegar a lo que hay detrás; consiste en habitar la superficie misma, en explorar sus texturas, sus resistencias, sus pliegues. El significado emerge de la opacidad, no de la transparencia. La literatura electrónica, en esta obra, se convierte en una práctica de la superficie.

Untrace explora otra dimensión de la tensión: la huella digital. El lector deja rastros de su paso por la obra, pero también puede borrarlos. La obra comienza con un mensaje dejado por el lector anterior, y termina con una pregunta sobre si el lector actual dejará su propia huella. Lo que emerge de esta estructura es una concepción del signo como resto y como don. El signo no es una entidad que se conserva intacta; es una huella que se deja para alguien que vendrá después. La lectura se convierte en una forma de herencia. El significado emerge de la relación entre el que deja y el que recibe. El signo, en Untrace, no es una expresión individual; es una contribución a una cadena de contribuciones que lo exceden. El lector no escribe para sí mismo; escribe para el lector que vendrá. Y ese lector, a su vez, escribirá para otro. La literatura electrónica, en esta obra, se convierte en una práctica de la transmisión. El signo no se posee; se comparte. No se conserva; se pasa.

Las tres obras de Hyper-Tensions comparten una misma estructura: el final está identificado, pero el lector es incitado a retomar la lectura para probar un nuevo recorrido. El signo no se agota en una interpretación definitiva; se abre a nuevas actualizaciones, a nuevos gestos, a nuevas pérdidas de control. Esta concepción del final como apertura expresa la temporalidad del signo electrónico. El signo no existe en un presente puntual; existe en la duración de la lectura, en la repetición de los recorridos, en la diferencia entre una vuelta y la siguiente. El significado emerge de la repetición, no de la novedad. La literatura electrónica, en Bouchardon, se convierte en una práctica de la relectura. El signo no se comprende de una vez; se habita en el tiempo.

 

Conoce más: sergebouchardon.com 

 

 

 

Investigación-Creación: Yuly Durango Flórez- Luis Eduardo Cano Álvarez.

 

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