Satisfacción…

Ellos temen por esa quimera de besos
que esconden tras la mampara
cuando sus manos sienten
ese vértigo que florece.

Ellas piensan que será pasajero
ese anhelo que se desborda
cuando su falda se sonroja
y sus piernas se les antoja.

Ellos dos se anhelan…
Ellas dos se desean…
Es una escalera que van subiendo peldaño a peldaño
sienten en sus pechos
cientos de tambores de guerra
influenciándolos.

¡Y son sus labios!
Tibios y cálidos…
¡Y es un abrazo!
Melifluo encuentro
de tantos momentos que habían pospuesto,
por el temor al asedio
de tantos años,
siendo señalados por otros
que no tienen el conocimiento
de lo que se siente cuando se quiere.

¡Libertad! Gritan rompiendo esas cadenas
que les impedía disfrutar de la satisfacción consagrada.

Bosque, fauna y protección…

Un mar de bolsas de plástico
sólidos techos en bosques de nylon
y un camino sin regreso.

Brama en la orilla disgustada
una especie altanera que se va alzando
con fuerza guerrera,
sus tentáculos se van extendiendo
como la fría hiedra
desterrándonos de nuestro terreno.

¡Y todos miremos!
Chimeneas sin consuelos
que se comen la salvación de nuestro pueblo,
aniquilándonos con rayos de fuego
que se vuelven poderosos
con el paso del tiempo.

Fauna que llora callada
con esperanza perpetua
del que caminante pensante se dé cuenta.

Se extinguen algunos
y otros nacen mutando en fenómenos
que llegan sin respuestas,
temamos al calvario
que nosotros estamos provocando.

La clorofila de nuestra tierra
se está marchitando sin espera.

Algo más que gritar…

¡Mírala!
Danza en un silencio perpetuo,
danza siendo un verbo,
de qué le sirve ser
un adjetivo negado
un sustantivo pausado.

¡Mírala!
Ella es un adverbio de tiempo
que solidifica el presente
de amarrarse el cinturón,
nadie detiene su voluntad
ni su convicción.

Ella sabe que puede darle el frente
solamente hay mentes
que niegan su valor.

Pero ella no se queda quieta,
ella intenta,
se cae,
se levanta y tropieza
sabe que falta mucho para terminar
con su misión.

Ella florece
después de mucho tiempo
ella se sienta a ver salir el sol.
¡Y satisfecha! Se da cuenta
que nadie pudo apagar su valor.

Alianet Bravo Rodríguez (Cuba). Nació en La Habana, Cuba, rodeada de la inspiración del mar y la antigüedad histórica. Es una lectora ferviente y apasionada que encuentra en el mundo las letras la oportunidad de un mundo alternativo para poder soñar.

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